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9/11/10

El regreso


Las calles estaban sombrías y húmedas igual que el oscuro cuarto apenas alumbrado por algunas velas sobre los candelabros plateados. La sombra de un cuerpo delgado, de cabellos largos y lacios, pero de sensual vestimenta, recorría las paredes de la habitación como si fuera parte del mobiliario.

Había mucha gente, susurros que evidenciaban lo aburrido que debía ser este pueblo a falta de alguna novedad, miradas burlonas y censurantes propias de viejas chismosas…eso y alguno que otro llanto relativo al funeral.

  - Viste la viuda como va vestida?
  - Ya te lo dije, Margot…si es que yo sabía que a esa se le hacía corto el tiempo para ver muerto al marido
  - Y ya supiste quien regresó? – esto ultimo fue dicho con total mordacidad

La brisa que se coló de pronto por una especie de ventana que provenía de la sala anexa, trajo un olor mustio, marchito, como el que siempre sentía ella en la ropa de Ramón...en su pelo...en su almohada. Ella jamás pensó en casarse con alguien tan burdo y tan patán, pero se dejó guiar por su madre y por sus urgencias…

  - Ramón es un hombre serio, Carmen…está interesado en ti desde que te conoció. No puedes quedarte toda la vida esperando a Eduardo…él de seguro ya encontró con quien calentar su cama, solo espero que no hayas sido tan tonta de haberle aflojado nada, mira que los hombres cuando prueban …vuelan
  - Madre..!!
  - No te pongas mojigata, Carmen, que bien que los veía yo a veces detrás de la cochera y no se tocaban precisamente las manos
  - Madre..es que yo..

La cara de Carmen era todo un poema y su madre no tardó en adivinar lo que ella quería decir..le miraba la cara y le miraba el vientre que ya presentaba algún pequeño bulto que ella hasta hoy no había advertido

  - Te tienes que casar con Ramón...no se hable mas…yo te enseñaré como hacer para que no se de cuenta de tu pecado

Cuantas lágrimas tuvo que aguantar Carmen por cubrir “ese pecado” como le llamaba su madre. Cuantos golpes aguantó de cada borrachera de Ramón…Ese hombre que su madre decía estaba enamorado de ella no vacilaba para de una manera violenta forzarla cada noche a sus peticiones y posturas sexuales. No solo debía aguantar que la fornicara bestialmente sino que debía cumplir todas sus fantasías sexuales que la convertían en una cualquiera mientras su cuerpo recibía maltratos, golpes y mordeduras. Por eso en ese instante en que lo vio ahí, quieto, callado y sin ya ningún soplo de vida se acercó al ataúd y le soltó todo su secreto para que se lo llevara a la tumba.

Que paz que sintió en ese momento…silencio…

La voz grave y cascada de una solitaria vieja que rezaba el rosario en la sala era lo mas resaltante en esta noche larga e interminable. Carmen estaba distraída cuando de pronto una voz detrás de si calentó sus orejas, su cara...y algo mas

  - Lamento lo de tu marido, sabes que tú y tu hijo pueden contar conmigo - dijo el hombre esbozando una media sonrisa que borró de golpe diez años de silencio. Ella asintió con un cabeceo imperceptible y se corrió para hacerle lugar en el banco.
  - Hace frío. Acércate, así nos podremos dar calor – le dijo y antes de que ella respondiera con una negativa se apuró a aproximar su cuerpo…el brazo fuerte y sólido acostumbrado a los ejercicios en el ejercito, se volvió leve para abarcar los hombros que se relajaron, aceptando la protección que aquel abrazo les imponía..
  - ¿Estás bien? preguntó él, en una voz baja que a Carmen le parecía que caería resbalando del sillón en cualquier momento
   - Estoy bien- contestó ella con el único soplo de voz que pudo conseguir.

La piel femenina tembló cuando la mano empezó a moverse sobre su blusa traspasando la barrera del escote y explorando aquel otro universo cálido que existía bajo su ropa. Ahí no se sentía el frío, ni siquiera se acordaban de que en la calle llovía y que había un funeral. Ella lo dejó hacer, como si no se diera cuenta de nada, mientras inclinaba un poco la cabeza y lo miraba tratando de ver ese mismo rostro que la dejo hace diez años, con los ojos enrojecidos y una preñada barriga…Nada importaba ahora, salvo la urgencia de los cuerpos transmitida a través de la piel.

  - Así , así está bien - musitó él mientras la apretaba mas contra su pecho y la inclinaba para facilitar el avance de su mano sobre el escote de la blusa. Un estremecimiento que no podía detener recorrió el cuerpo de ella mientras la mano húmeda del hombre alcanzaba la turgente sensibilidad de un pezón endurecido. La mano se detuvo por un instante y con los dedos abarcó golosa la carne del pecho..solo unos instantes para luego retirarla con desgano y dejar paso a unos labios que ya se apuraban a reemplazar sus dedos en la exploración de aquella carne comprimida, compactada, estirada, elástica y dócil como arcilla que la boca de él modelaba sin pausa…

Ella cerró sus grandes ojos y solo de vez en cuando dejaba escapar pequeños gemidos cada vez que Eduardo apretaba sus labios en sus pezones…sus ojos llenos de brillo se desbordaban a veces llenos de placer y de alegría al sentir de nuevo su deseo...Así estaba...tan húmeda y tan excitada, tan distraída que no pudo advertir esos pequeños ojos que la observaban como se entregaba impúdicamente a este hombre.

Fue tarde para detener la trayectoria de la bala que atravesó el pecho de Eduardo y mucho mas tarde aún para conservar la inocencia a un niño de diez años de cuya mano pendía el arma de quien creía había sido su padre…ironías de la vida.

Muy quieto en su soledad de bronce y de caoba, ajeno a las voces y a los gritos que llegaban desde la habitación vecina, indiferente al aroma de las flores mustias, a las velas de los candelabros plateados y a la pólvora, Ramón sonreía, con una sonrisa tonta, fija y helada . .

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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...