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26/9/11

La mujer del colgante de oro...


Ella miró la hora en ese reloj enorme que había sobre la torre central de aquella plaza y se preguntaba si era correcto lo que estaba a punto de hacer, pero solo fue por unos segundos ya que seguidamente desecho la idea pensando que nada tenía sentido en su vida y que tenía que continuar con esa idea fija que se había instalado en su cabeza.

Las 7 con 10 minutos, Todavía había una gran multitud caminando por las calles de esa ciudad tan cosmopolita, llena de contrastes muy bien marcados, mucha riqueza tocándose la mano con miserables vidas que se consumían en rutinarios días sin la esperanza de que algo sucediera y los apartara de sus lamentos

“Quizás si hubiera nacido en otro lugar diferente…quizás si no hubiera nacido...o si las heridas no fueran tan fuertes…si al menos no me trataran tan mal…”. Sus pensamientos golpeaban continuamente con contradicciones y efímeros reproches.

Consiguió un banco cerca de una plaza que se encontraba desocupado y decidió descansar un momento…aún tenía tiempo para lo que iba a hacer.

-Total que mas da un minuto mas o menos, ya no puedo salir de este encierro que quema – y justo en el momento en que iba a sentarse, una anciana que se había acercado sin que ella se percatara trataba de hacer lo mismo

-¿Quiere sentarse aquí?

La mujer mayor lo rechazo con delicadeza, dijo que no, muchas gracias, que a ella le daba lo mismo. Pero parecía haberse perturbado con la cercanía de la mujer mas joven. Se pasó la mano sobre el colgante de oro en forma de cruz que pendía de su cuello y luego con voz algo apagada le dijo:

-¿Me daría acaso a mi su lugar, estaría dispuesta a cambiar su lugar por el mío?

Olvido, que así se llama la mujer de esta historia se quedó algo sorprendida. Las palabras de la mujer mayor le habían sonado extrañas, en realidad todo le estaba resultando extraño esta noche, las horas parecían no querer llevar su normal velocidad y lo constataba al mirar de nuevo el reloj:  las 7: 15 de la noche

-  La verdad no le he entendido bien, pero si se refiere al asiento…es suyo.

Ángela dijo de nuevo que no, pero luego,  con un ademán afectuoso la invitó a sentarse a su lado. Olvido se sorprendió, no se reciben atenciones de una viejita así nomas. La anciana sonrió un poco...mas bien demasiado y los labios cubiertos de talco se partieron en surcos secos al ver que Olvido se sentaba a su lado.

 No se porque siento que desea ser amable conmigo...acaso nos conocemos?  

 - No - dijo Angela – pero creo que al igual que tú esta noche necesito conversar con alguien.

Olvido trató de negar aquella afirmación pero sin darse cuenta se encontró contándole a esa mujer mayor toda su vida y el porque se encontraba ahí esa noche.

- No me siento feliz…no soy feliz. Mi vida no es la que yo deseo y no me malentienda….no es mala, solo que no es la mía. He sido madre y ya mis hijos no me necesitan, cada cual ha hecho su vida y si trato de guiarlos su respuesta es siempre la misma “Mamá, puedes estar cerca de nosotros pero déjanos hacer nuestra vida” 

-   Quizás trataste se seguir viéndolos como niños – dijo Angela que la escuchaba atenta 

-  No…solo deseaba que no cometieran los mismos errores, que no tuvieran que sufrir si algo salía mal. 

-  Con los errores se madura…se crece…

Si..quizás tiene razón, pero el hecho es que no me necesitan.

 Y su esposo? Tiene pareja? 

 Si…pero son tantos años que la relación se resume a complacer tanto en la cama como en los cuidados normales, pero no siento que sea necesaria….hay oficios especiales que pueden cubrir lo que hago.

Y su familia? Y sus amigos?

No me encuentro en ese mundo, no comparto sus ideas materialistas y no encuentro el hilo cuando empiezan a conversar sobre lo que tienen o van a tener cuando yo solo he deseado tener una sola cosa. 

- Que es?- preguntó Angela con una ternura en su cara 

El amor de alguien que no puedo tener y que me duele hasta sangrar por dentro 

 Por eso has decidido huir?

Hubo un momento de perturbación porque Olvido tardo segundos en responder mientras la vieja la miraba con cierta angustia y preocupación. Dio discretamente un ligero toque en la manga de la blusa de Olvido que súbitamente intentó recomponerse, carraspeó falsamente, se contuvo. Era tan difícil. Temía haber llegado a un punto donde no podía mantener  la calma. Se mantuvo en severidad y temor, cerró los labios sobre los innumerables dientes pero no podía engañar a nadie. Su rostro tenía tal desesperación que perturbaba los ojos de quien en este momento la observaba. 

- No estabas huyendo, verdad? Dijo con preocupación – Piensas hacer algo peor- continuó

Olvido se recompuso un tanto deprisa, cruzó las manos sobre el bolso que contenía todo lo que ella pensaba era su vida. Las arrugas habían tomado un sentido. Ahora eran otra vez incomprensibles, superpuestas en un rostro que alguna vez fue indomable. Aquella mujer, Ángela, le quitaba la tranquilidad. Ella no quería echarse a llorar:  si me pongo a llorar lo arruino todo, va a ser ridículo, tengo que parar…pero era imposible, la situación era muy triste.

Con mucha piedad, Ángela vio la arruga que cubría la frente de esa mujer,  muestra de que estaba conteniendo sus ganas de llorar y con ternura le dio un abrazo justo en que Olvido rompió a llorar. Ella parecía pensar, pensar para encontrar un pensamiento que pudiera ayudar a Olvido con ese sentimiento. De pronto,  con cuidado y sabiduría de anciana, como si precisara tomar ese aire para hablar como vieja le dijo: 

- Llora mi niña, que toda tu tristeza salga desbordada por esos enormes ojos negros que tienes…llora mientras te cuento una historia…

Y fue así como  Angela empezó a contarle el como ella también hace mucho tiempo se encontraba en una situación similar a la suya, casi idéntica y quiso huir de todo, terminar con su vida porque no le encontraba sentido vivir lejos del hombre que amaba. Entonces, sacó algo de su cartera que guardaba con mucho recelo. Era una foto donde se veía una familia feliz, llena de gente, de niños y al centro ella con su esposo, un hombre mayor que sonreía mientras la abrazaba. Era una de esas fotos familiares que se toman al cumplir muchos años de casados. 

 Bodas de plata? Preguntó Olvido 

No…bodas de oro. Aquí al lado derecho están mis hijos, todos juntos a pesar que años atrás no se llevaban bien. A mi lado izquierdo mi querido esposo y mis nietos. Tuve 4 hermosos nietos que ayude a criar aunque al principio no aceptaban mis consejos pero que el tiempo se encargó de hacerlos entrar en razón. Y en la parte inferior, los hijos de mis nietos a los cuales ya no puedo tener como antes pero que los disfruto cada vez que vienen a verme.

 -  No entiendo, dijo Olvido…Si no se sentía bien en ese lugar, porque se quedó? Porque no se fue a buscar el hombre que amaba?  

-  Por una sola razón, Olvido, ellos si me necesitaban…todos me necesitaban, lo supe después y me alegro de no haber cometido un error. Además, el amor siempre iba a existir en algún lugar, aunque continuáramos separados. No creo que un hombre me hubiera seguido amando, como lo hizo él durante todos estos años, de haberme conocido tan egoísta como para abandonarlo todo por ir detrás de mi propia felicidad – Dijo la anciana con la sonrisa mas hermosa que le había salido en años al recordarlo
   
   Olvido miró de nuevo el reloj. Quizás aún tenía tiempo para arreglarlo todo. Quizás su vida no era un absurdo como ella pensaba  y tenía algún sentido. Volvió a mirar la foto…algo extraño tenía esa foto y no sabía que era. Miró a su lado y se dio cuenta que Angela se había marchado dejándole la fotografía. La buscó por todas partes de la plaza pero no la encontró y el reloj, justo ahora que ella necesitaba saber que hora era se había parado en las 7:16 de la noche.
     
    Se arreglo un poco el maquillaje como pudo y se dirigió hasta su casa en donde su esposo la esperaba impaciente y algo preocupado.

     - Donde estabas? Nadie sabía donde fuiste.

    - Necesitaba algo de aire, creo que todo esto de ser madre, abuela, esposa, creo que es demasiado para mi y a veces no me siento fuerte.

El sacó algo de su bolsillo y poniéndose detrás de Olvido le dijo:

Eres la mejor esposa, la mejor madre y la mejor abuela del mundo

Y un colgante de oro en forma de cruz rodeó su cuello esa misma noche que el reloj de la plaza continuó su marcha mientras los habitantes de esa ciudad cosmopolita seguían pensando que nada pasaba en sus calles, que la vida era una total rutina de horas pegadas a los ordenadores y cajas registradoras…pero que para Olvido, esa fue la noche que un ángel la visitó. 

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Pluma Roja dijo...

No pude dejar comentario pisando la fecha. Me gustó mucho el vídeo de Gitano, no conocía ese grupo. Gracias por traerlo.

Saludos cordiales.

Francisco Espada dijo...

Lo cotidiano se nos hace rutina y nos entretenemos en soñar mundos inexistentes, pero la felicidad está dentro de uno y con los suyos. Besos, Mirella.

Ismael Pérez de Pedro dijo...

jo, el fénix de los ingenios eres tú, no Lope, cuanto y qué bueno, un saludo, feliz día

Pakiba dijo...

Eres la mejor esposa,la mejor madre y la mejor abuela del mundo, seguro que lo eres y tienes que ser fuerte para seguir siéndolo.
Ahhh.... me encanta la cabecera del blog que has puesto , esas palabras que me llevan a tus sueños, una maravilla.


Besotes guapa.

Garcibáñez dijo...

Muy reconfortante, excelentemente bien escrito y con sentimiento.

guillermo elt dijo...

Una Gran mujer que encierra, tras su carcel de piel, una heroina de las que nunca nos acordamos, las de la rutina diaria.

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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...