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27/3/12

Rey Sol..Reina Luna..


“…Y mientras su madre rezaba y aguardaba por noticias de su marido ausente, el pequeño Pag Li, sólo parecía vivir para escuchar las historias de dioses y reinos celestiales que Mey Ley, su nodriza,  le narraba cada tarde junto al fogón. Con sus cinco años, ya tenía el vocabulario y la inteligencia de un niño mayor: nada raro en alguien nacido bajo el signo del Tigre.
La historia favorita de Pag Li era la leyenda del intrépido Rey Sol, que se alimentaba de flores.
—Ayíí —pedía el niño casi a diario—, cuéntame de cuando el Rey Sol quiso tener la píldora de la inmortalidad.
Y Mey Ley tosía para aclararse la garganta, mientras revolvía la sopa donde nadaban legumbres y trozos de pescado.
—Pues resulta —empezaba— que la píldora estaba en manos de una diosa que la guardaba con celo. Por nada del mundo quería desprenderse de ella. Aunque el Rey Sol le rogó muchas veces que se la entregara, todo fue en vano. Un día, el rey tuvo una idea. Se fue a la Montaña de la Tortuga de Jade Blanco y allí levantó un hermoso castillo con un techo de cristal. Era tan magnífico y radiante que la diosa quiso poseerlo de inmediato. Así es que el Rey Sol se lo ofreció a cambio de la píldora. Ella aceptó, y el rey se la llevó para su casa muy contento…
—Te faltó que no podía tragársela enseguida —la interrumpió Pag Li.
—¡Ah, sí! La diosa le recomendó que no se la tomara enseguida porque antes debía ayunar doce meses, pero la Reina Luna descubrió el escondite donde…
—¡Ya se te volvió a olvidar! —la interrumpió el niño—. El rey había, salido y
dejó la píldora escondida en el techo…
—Sí, sí, claro —dijo Mey Ley, añadiendo más especias al caldo—. La Reina Luna descubrió la píldora por casualidad. El Rey Sol había salido y, mientras ella vagaba por el palacio, observó una claridad que brotaba desde lo más alto. Era la píldora divina. Así fue como la descubrió y se…
—Primero se subió a un mueble.
—En efecto, trepó a un mueble porque el techo del palacio era muy alto. Y apenas se tragó la píldora empezó a flotar…
—Tuvo que agarrarse a las paredes para no chocar contra el techo —apuntó Pag Li, a quien le encantaba este detalle.
—Cuando su esposo regresó y preguntó por la píldora, ella abrió la ventana y escapó volando. El rey trató de perseguirla, pero ella voló y voló hasta llegar a la luna, que está llena de árboles de canela. De pronto, la reina empezó a toser y vomitó parte de la píldora, que se convirtió en un conejo muy blanco. Este conejo es el antepasado del yin, el espíritu de las mujeres.
—Pero el Rey Sol estaba furioso —continuó Pag Li, demasiado emocionado para esperar por el resto del relato—, y juró que no descansaría hasta castigar a la reina. El Dios de los Inmortales, que todo lo oye, escuchó sus amenazas y se le apareció para ordenarle que la perdonara.
—Así fue. Y para tranquilizarlo le regaló el Palacio del Sol y un pastel mágico de zarzaparrilla. «Este pastel te protegerá del calor», le dijo. «Si no lo comes, morirás abrasado por el fuego del palacio.» Y por último, le dio un talismán lunar para que pudiera visitar a la reina.
—Pero ella no podría visitar al rey porque no tenía el pastel mágico para protegerse.
—Aja. Cuando la reina lo vio llegar, quiso huir; pero él la tomó de la mano y, para demostrarle que no le guardaba rencor, echó abajo algunos árboles de canela y con sus troncos olorosos construyó el Palacio del Inmenso Frío y lo adornó con piedras preciosas. Desde entonces, la Reina Luna vive en ese palacio y el Rey Sol la visita el día quince de cada mes. Así es como ocurre en los cielos la unión del yang con el yin.
—Y por eso la luna se pone toda redonda y brillante —gritaba Pag Li—. ¡Porque está tan contenta!
A la tarde siguiente, el niño corría de nuevo a la cocina, después de haberse pasado horas retozando entre los sembrados, para pedir otra narración que él recordaba mejor que la anciana….Esa es otra historia…

(..de la Isla de los Amores Infinitos, de Daina Chaviano)

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Gladys dijo...

Hola amiga de verdad tus cuentos son preciosos ese niño me recordó cuando yo era pequeña, y esperaba a mi padre para que me contara cuentos, es lindo leer y imaginar la belleza de los cuentos, sobre todo este de la luna y el sol muy bonito me gusto mucho.

Un gran abrazo y muchos cariños que estés muy bien.

Pakiba dijo...

Precioso y como nos gusta contar cuentos primero a los hijos y después a los nietos que nos escuchan con tanta atención.

Sigue contando que así tengo más para contar.

besos

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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...