Solamente tú, aunque no pueda verte, puedes
acompañarme mientras logro entender este inevitable frío donde el tiempo no logra
borrar las ausencias, pero me enseña a caminar a través de palabras nocturnas y
melodías que no parecen una buena idea…
No es que lleve la cuenta, pero sin darme cuenta
ya han pasado más de dos años y aunque la calma de la noche ya no aturde como
antes, aprendo a continuar inventando pequeñas trampas al corazón, para que no
despierte ante la amarga certeza de no sentir tu aliento a mi costado.
Por
eso te hablo…te hablo cuando el mundo duerme y la madrugada es solo nuestra,
tal como solía ser, para decirte una y otra vez, lo feliz que me hiciste… Te
hablo en ese umbral donde la noche se rinde ante el amanecer, porque fuiste tú quien me enseñó que no hay oscuridad
que no pueda compartirse.
Me diste una vida bella. Gracias por seguir mis
sueños y por acompañarme a convertir todas mis sombras en luz… a subir mis
montañas aun cuando tus pies no quisieran caminar...porque te hacia feliz,
llegar conmigo al borde de la cima y ver nuestro horizonte desde arriba, sintiéndonos
como el viento, libres y ligeros, pero siempre presentes, siempre juntos…
No te puedo mentir…esta noche me haces falta. Una falta física, un eco en el pecho que solo tu voz podría llenar. Pero mientras llega el momento de encontrarnos en algún otro paisaje, seguiré hablándote en la madrugada, sabiendo que, de alguna forma, me escuchas en mis interminables divagaciones..para no tener que despedirme..

Hay escritos que no se pueden comentar, porque en este caso es inmiscuirse en un diálogo personal.
ResponderEliminarUn beso 😘