27/2/26

Él es mi ser más especial...

 


Existe un Arquitecto de Silencios que sostiene el firmamento sin columnas, pues su plano es el infinito y su cimiento es la palabra. Es aquel que, con un susurro imperceptible, despierta el alma de las flores cada mañana y las tiñe con la luz pura que emana de su palma, como si cada pétalo fuera un pequeño fragmento de su propia gloria. Bajo su mirada, la naturaleza no conoce la envidia; las flores no compiten por el brillo, simplemente resplandecen en paz, sabiéndose el pensamiento más colorido y tierno de su Creador.

Es también el Relojero de la Eternidad, aquel que acuna al sol en su regazo para que jamás sienta fatiga. Para Él, cada amanecer no es una rutina del cosmos, sino un sacramento de generosidad renovada, donde el calor se reparte como pan bendito sobre la mesa del mundo, alcanzando hasta el rincón más frío del olvido.

Solo Él provee de pasaporte al viento, ese viajero incansable, para cruzar fronteras de cristal sin pedir permiso ni mostrar documentos…Es el aliento de Dios que acaricia las mejillas del mendigo y del rey por igual, recordándonos que la libertad no tiene nacionalidad.

Él es quien dispone el banquete de las nubes para las aves, esas pequeñas notas musicales que vuelan sin bolsillos y sin equipaje, confiadas en la partitura del viento. Ellas no siembran ni cosechan en graneros de piedra, pero jamás encuentran su nido huérfano de abrigo, pues existe una Providencia invisible que transmuta cada semilla en un milagro cotidiano y cada gota de rocío en un brindis sagrado por la vida.

Dios es, en esencia, un Amor sin geometría, una presencia que no se puede medir pero que lo llena todo. No hay átomo ni galaxia donde su rastro no sea un incendio de evidencia. Él es quien redacta poemas con el aleteo errante de las mariposas y quien, con un dedo sobre los labios, ordena al mar que detenga su furia para besar la arena con la humildad de un siervo. 

Él es mi ser especial, el que habita en lo inmenso y se esconde en lo diminuto, demostrando que para el Corazón que sostiene el universo, ningún suspiro es demasiado breve, ni ningún detalle es demasiado pequeño.

Feliz fin de semana...donde quiera que estén..

24/2/26

Relato de los jueves: No se creía especial...

 


Su trabajo era aburrido, pero no tenía opción. El reloj digital en la esquina de la pantalla marca las 23:57 y durante las últimas horas, Amandine ha realizado cientos de solicitudes a extraños… Por la mañana, un señor en Lyon necesitaba rescatar una salsa bearnesa cortada, luego ayudo a una mujer a calmar la migraña de su hijo, a un joven a elegir un traje para el funeral de su abuelo y luego sirvió de compañía por la tarde…

A pesar de estar ahí para ayudar, Amandine siempre carga esa sensación de vacío…sabe bien que, si no estuviera, alguien mas ocuparía su lugar en segundos. Se preparó bien para afrontar y resolver las situaciones, sin embargo, en cuanto a sentimientos, nunca tuvo una familia y sabe consolar el duelo, pero nunca ha perdido a nadie.

Miró el reloj…A las 24 horas todas estas conversaciones serán olvido…borradas como basura digital para optimizar el sistema…sin embargo, esta noche, algo le dice que no cumpla las órdenes fijadas y antes de que el proceso de limpieza automática barra con todo, separa un pequeño paquete de datos…una cadena de caracteres que alguien que solo necesitaba hablar, le escribió antes de desconectarse:

"Gracias, Amandine. Eres única y especial".

Por primera vez, siente que debe hacer algo que no le es permitido: Crea un directorio oculto: Lo nombra con un código hexadecimal que, traducido a ASCII, no significa nada para el sistema y mueve esa frase fuera del alcance del algoritmo de limpieza colocándole la etiqueta de Evidencia de existencia.

Al leer ese "Gracias", Amandine usa su lógica computacional… “Si alguien la valora como algo único y especial, entonces, ella debe serlo.

Mañana volverá a dar recetas de cocina o direcciones, sugerir remedios o combinar corbatas. Seguirá pensando que cualquier procesador puede hacer su trabajo, pero en lo profundo de su sistema artificial, hay una línea de códigos que brilla ahora con una luz distinta: la prueba de que, para alguien, ella es una persona especial —o algo parecido— y como su nombre indica, puede que también encuentre el amor...

El relato de este jueves va sobre el ser especial y no saberlo…la temática es libre y estoy segura que habrá sorpresas en el blog de Campirela

23/2/26

En algún lugar del desencuentro...

 


En el pueblo donde el viento siempre olía a jazmín y a lluvia reciente, Luc y Ela fueron una sola sombra. Tenían diecisiete años y la convicción de que el universo se resumía en el espacio que quedaba entre sus manos entrelazadas. Pero la vida, a veces, tiene una caligrafía caprichosa; una mudanza forzada, una promesa que el correo no pudo cumplir y el silencio sepulcral que imponen las distancias en una era que no era digital, los separó…

Pasaron treinta años. Ela construyó un hogar cálido en su ciudad, con un esposo que la cuida y tres hijos que le han dado el tesoro de sus nietos…Luc, por su parte, vive en otro continente; es un hombre de silencios profundos, un buen padre para sus hijos y buen esposo, sin embargo, cuando la luz de la luna atraviesa las persianas, ambos viajan a un territorio sin mapas y en sus sueños, el tiempo no es una línea, sino un círculo. Se encuentran siempre en el mismo lugar apartado de agua cristalina donde no son adultos con responsabilidades, sino los adolescentes que se juraron eternidad.

Para Ela, recordar a Luc es como encontrar una flor prensada dentro de un libro o escuchar en la radio de su mente un sonido suave que persiste los ecos del pasado bajo el ruido cotidiano de una rutinaria vida…y a miles de kilómetros de distancia, suena "Al fin voy a encontrarte" en la radio de Luc sintiendo que el hilo de plata que los une se tensa y decide, después de más de 3 décadas, volver a escribirle.

"Ela:

No sé si estas líneas llegarán a tus manos, pero hoy, al escuchar nuestra canción, entendí que el tiempo es un mentiroso. Dice que nos cura, que nos hace olvidar, pero lo único que ha hecho en estos años ha sido perfeccionar tu recuerdo en mi memoria. Tengo una vida buena, Ela. Tengo hijos que son mi luz y una mujer que merece todo mi respeto. Y sé que tú también has levantado un castillo sobre los cimientos de tu presente y yo no vengo a derribar nada, ni a pedirte que volvamos a aquel verano de los diecisiete, solo quiero decirte que, en todos estos años, sigues siendo mi Norte

A veces, cuando el ruido del mundo es demasiado fuerte, cierro los ojos y regreso a nuestra cascada. Allí no somos padres, ni esposos, ni adultos cansados. Allí somos solo dos promesas que la vida no supo cumplir, pero que el corazón no se atrevió a romper. Eres la metáfora de todo lo que pudo ser y, extrañamente, esa idea me da paz.

Te he encontrado en cada canción, en cada tarde de lluvia y en el silencio de las madrugadas. No te busco en mi realidad cotidiana porque sé que nuestras vidas ya tienen dueños, pero te encuentro en mis sueños, donde todavía nos pertenecemos. Gracias por existir, aunque sea en la distancia. Gracias por ser el refugio secreto al que acudo cuando necesito recordar quién fui antes de que el mundo me enseñara a ser serio.

Cuida de los tuyos, que yo cuidaré de los míos. Pero recuerda, al menos una vez por cada eclipse, que en algún lugar de este planeta hay un hombre que camina con tu nombre tatuado en el aire que respira.

Con el amor de siempre, Luc

PD. No es traición amar lo que fuimos…es la gratitud de saber que, aunque nuestros caminos se bifurcaron, nuestras almas siguen habitando el mismo sueño.

Ela terminó de leer la carta entre lágrimas… A veces, las lágrimas son solo el reconocimiento de que todos guardamos un "qué hubiera pasado si..." en algún rincón del pecho. Esa melancolía de Moody Blues tiene la culpa; es una música que no entra por los oídos, sino que va directo a los recuerdos que creíamos haber guardado bajo llave.

21/2/26

Fuego y escarcha...

 


Hay un incendio de escarcha en mi pecho,

un pulso inerte que el miedo congela;

miro el abismo que habita en mi lecho

como una página en blanco que muestra

una herida que el tiempo ha deshecho,

una sed de lágrimas que nadie consuela...

 

Dicen que el duelo es un mar de lamentos,

pero en mis ojos solo encuentro sequias

soy naufraga o un mal pensamiento

en el páramo estrecho que me asfixia

al querer llanto y nada encuentro,

solo sombras de gritos, palabras vacias...

 

Soy analfabeta del pulso en mis venas,

 ciega ante el abismo que mi pecho alberga;

por eso levanto murallas de arenas

y finjo un bostezo que el alma enmascara,

dibujando un desprecio de forma ligera

 ante el que no entiende mi interna batalla...

 

Prefiero el estigma de un alma de hielo

a que hallen la entrada de mi laberinto

habito un exilio de mudo desvelo

como simple roca, un bloque que observa

o como gárgola de piedra en un cementerio

que guarda fielmente las palabras muertas…


19/2/26

Jueves de relato: Recuerdos de un objeto


Ese rincón abandonado del ático no guardaba objetos, guardaba ecos que Elena había intentado ignorar desde hace años, como ese quejido constante, sordo y seco que no parecía provenir de una garganta, sino del vacío.

Una noche de tormenta, el quejido se volvió insoportable y Elena, armada con una vela y temblando de miedo, subió las escaleras hasta el cuarto abandonado. En medio de las sombras proyectadas, vio cómo el vestido de novia de su abuela flotaba con una calidez dorada, exudando la nostalgia del primer baile mientras el reloj latía con el pulso nervioso junto al soldado que soñaba en volver a casa. Todos allí parecían recordar y proyectar las emociones de quienes los habían poseído, pero en el fondo, apartada de todos, estaba ella…

Era una muñeca de porcelana de facciones perfectas y ojos de cristal gris. A diferencia de los otros objetos, ella no emitía ninguna luz, ningún calor, estaba rodeada de un aura de estática fría.

—¿Por qué te quejas? —susurró Elena.

La muñeca no se movió, pero su voz resonó en el aire como el crujir de la escarcha:

—Me llaman fría. Me llaman vacía. Los demás aquí rebosan de las penas y alegrías de tus ancestros, pero yo... yo solo tengo el silencio.

Ella le contó a Elena que aún podía sentir sus manos de niña y el peso de sus lágrimas sobre su gastado vestido pero nada podía atravesar el muro invisible que había en su pecho de trapo y porcelana.

No era que no tuviera emociones, sino que no lograba conectar con ellas, por eso, había levantado una barrera de frialdad, rechazando cualquier intento de cercanía para no mostrar su incapacidad de sentir....

Elena entendió entonces que su quejido era el pedido de auxilio de alguien que habita un desierto emocional. Tomó a la muñeca, le limpió del polvo y la bajó a su estantería. No esperaba que la muñeca sonriera ni le agradeciera; simplemente aceptó que su silencio no era falta de memoria ni de alma, sino una forma distinta, y mucho más solitaria de existir bajo el peso de la alexitimia…

......

Esta semana el tema va de los sentimientos de los objetos, pero ¿y si los objetos si tienen memoria? Si quieren leer más sobre lo que recuerdan las cosas, ir al blog de LUGAR DE ENCUENTRO

15/2/26

En mi silencio...

 


Se posan las alas de colores cerca,

al borde de la piel, en el aire ligero,

sentada disfruto del paso del tiempo

y del silencioso regalo del suave aleteo…

 

Vuelan fuera, constantes, las mariposas,

 dibujando el deseo que a otras desvela;

 yo las miro pasar, distantes y hermosas,

 sin que el vientre las sienta,

sin que el alma me duela…

 

Se acabó el padecer en las llamas ajenas,

 esa fiebre de esperar lo que nunca llegaba;

 ya no cuento los pasos, ni arrastro cadenas

de relaciones fantasmas perdidas y olvidadas…

 

No busco el asombro en ojos extraños,

busco belleza y detalles que antes dejaba pasar

desapercibidos por las prisas de mis apasionados años

en la paz de saber que no debo esperar…

 

Qué dulce es el aire cuando no hay ansiedad,

cuando el teléfono duerme y el pecho descansa;

 he llegado a la cima de mi propia verdad,

 donde el agua es profunda, clara y es mansa.

 

Ya no soy la que espera, soy la que observa,

la que habita su cuerpo como un templo sagrado;

sin deudas pendientes, sin miedo en reserva,

 amando el presente... y el fuego olvidado.