19/9/26

Jueves de relatos: Un nuevo curso...

 


Había terminado el colegio y la universidad aparecía frente a mí como una puerta enorme que daba miedo y ganas de cruzar al mismo tiempo. Comenzaba un nuevo curso: matemáticas, cuadernos recién forrados, noches de estudio y la certeza de que mi vida estaba a punto de cambiar.

Pero había algo más importante que las fórmulas.

La música.

Los casetes iban y venían de mano en mano. Cada banda tenía su momento, su canción, su historia. Y yo podía pasar horas estudiando mientras, en alguna esquina de mi habitación, una voz convertía las noches en otra cosa.

Aunque había uno...

¡Ay, ese hombre!...

Cada vez que aparecía en la pantalla, yo me quedaba mirándolo con la boca abierta, completamente enamorada. Mis amigos se reían.

—Pero si a él no le gustan las mujeres...

—¡Bah! —respondía yo—. Celos de chicos tontos.

Todavía no entendíamos muchas cosas. Eran otros tiempos, cuando ciertas verdades se escondían detrás de silencios y miradas. Yo solo sabía que cuando él cantaba, algo dentro de mí se encendía...

Y entonces llegaba la noche.

Los números, las ecuaciones y los apuntes se mezclaban con las luces de colores, la bola de espejos y ese ritmo que hacía imposible permanecer sentada. Mis pies parecían tener vida propia. Bailaba como si el amanecer fuera una promesa y no existiera ningún mañana.

1985...

Aquellos años fueron mucho más que el comienzo de una carrera. Fueron mi iniciación a la música, al baile, a la libertad, a esa maravillosa vida en tecnicolor que solo parece existir cuando somos jóvenes.

Hoy, desde lejos, aquellos recuerdos tienen otro brillo.

Y mientras suena I Was Born to Love You, cierro los ojos.

Vuelvo a ver a aquella chica bailando hasta el amanecer y pienso que quizá, aquella época fue la preparación a un curso mayor...el más hermoso de todos, porque entonces todavía no sabía que, muchos años después, comenzaría el curso para el que nadie está preparado.

Pero esa...

esa es otra historia.

Si quieres leer buenos relatos sobre otros cursos clickea en el link TRACY

29/7/26

Jueves de relatos: No es poco...

 


A veces caminaba como una sombra que viene y va, atravesando una ciudad teñida de sepia donde cada plaza parecía recordar un nombre que el viento se negaba a pronunciar. Los parques respiraban un silencio antiguo; las hojas descendían con la lentitud de los sueños y las fuentes repetían secretos que nadie escuchaba.

Cada paso que daba era una marea inconstante. No sabía hacia dónde iba, sólo obedecía esa fuerza invisible que le empujaba desde algún lugar del universo, como si el destino hubiese escrito primero la nostalgia y dejara para después el encuentro…

Alguna vez la vida tuvo sentido, después todo se convirtió en rocío sin luna, una humedad fría que habitaba las madrugadas del alma, viviendo al margen de las horas, mirando el poniente, convencida de que el sol también se cansaba de regresar. En ocasiones sentía un suspiro inquietante rozarle la espalda. Entonces giraba, esperando descubrir una presencia, pero sólo encontraba añiles figuras desdibujadas por la distancia, fantasmas nacidos de la memoria o quizás, viajeros de otro sueño…

Llevaba consigo una impronta negada, una herida tan antigua que ya no dolía; simplemente existía. Era un peso silencioso que la acusaba cada vez que intentaba sonreír. Sin embargo, seguía adelante con un incierto coraje, explorando rincones inexplorados de la ciudad como quien busca una puerta secreta hacia otra vida.

Una tarde entró en una pequeña cafetería. El aroma del café recién molido parecía el único calor verdadero que quedaba en el mundo. Se sentó junto a la ventana. Sus manos temblaban sin comprender por qué, mientras contemplaba la lluvia dibujar constelaciones sobre el cristal.

Cuando se levantó para marcharse, no advirtió que, apenas a unas mesas de distancia, un hombre levantó la vista en el mismo instante. Ella salió sin mirar atrás…Quizá el universo necesitaba que ambos continuaran caminando un poco más, porque existen encuentros que no obedecen al reloj, sino a las estrellas.

Ella siguió recorriendo calles, jardines y bancos vacíos, creyendo que el mundo apenas le ofrecía un mínimo refugio, pero el cielo parecía responderle que no es poco cuando aún queda un rayo de luz capaz de encontrar el corazón correcto…

Hay personas que no llegan tarde a nuestra vida; llegan exactamente cuándo dejamos de buscarlas con los ojos y empezamos a reconocerlas con el alma.

El reto de este jueves era crear un relato utilizando una o varias expresiones de este popurri dejado por Neogéminis. Para leerlos pisar en la imagen abajo    



15/7/26

Relato de los jueves: Personajes en el andén...

 


El tren debía llegar puntualmente, como siempre, a las diez de la noche. Faltaba media hora y el andén estaba lleno de pasajeros que buscaban un lugar en las bancas de espera.

Me gustaba sentarme en ese lugar a esta hora. La niebla, atrapada entre las farolas, parecía envolverlo todo y me ayudaba a pensar…sobre todo en la última vez que nos vimos

¿Tendría algún sentido volver?...somos tan diferentes….¿Sería esto una buena idea?

De pronto, un hombre pulcramente vestido se acercó a una anciana y, con un gesto delicado, acomodó su maleta junto a ella. Después, recogió el juguete que se le había caído a un niño y le indicó a una pareja cuál era su andén. Finalmente, se sentó frente a mí.

Unos metros más allá, otro hombre permanecía sentado. Miraba nerviosamente su reloj, anotaba algo en una libreta y volvía a observar los rieles. Se levantó. Caminó hasta el borde del andén. Regresó a su asiento. Consultó otra vez el reloj.

El sudor corría por su frente y su rostro pálido mostraba aún más su nerviosismo..

Algunas personas comenzaron a observarlo con recelo. Yo estaba a punto de ir en busca de un guardia para ponerlo al tanto cuando, a lo lejos, sonó el silbato del tren.

El extraño hombre se levantó de un salto y se lanzó a las vías.

—¡Un suicida! —gritaron varias voces.

Pero no.

Colocó una luz roja entre los rieles y comenzó a hacer señales desesperadas. El tren frenó a pocos metros de él, justo antes de llegar a un desprendimiento que había deformado la vía…  Mientras algunos pasajeros observaban lo ocurrido, comenzaron a escucharse otras voces:

—¡Mi billetera!

—¡Mi bolso!

—¡Mi maleta!

Algunas cosas habían desaparecido al igual que el hombre pulcramente vestido.

Entonces, entre la niebla y el sonido del tren anunciando su próxima salida, escuché detrás de mí, una voz conocida:

—Brujita, no todo es como se ve, ni pierde el que se va… sino el que olvida.

Me quedé inmóvil.

—Y yo no te olvidé.

El tren partió y en la última ventana, durante apenas un segundo, creí distinguir un rostro conocido

No siempre los personajes son fáciles de predecir como son, a pesar de que muestren algunas características ..¿Cómo son tus personajes?  esto puedes leer en el blog de ARTESANOS DE LA PALABRA

28/6/26

La humanidad no se ha perdido

 


Solo queria decir...Gracias.

A veces la vida transcurre entre horas vacías. No porque no hagamos nada, sino porque los días terminan pareciéndose unos a otros: despertamos, trabajamos, respondemos mensajes, cumplimos obligaciones y repetimos una rutina que ya conocemos de memoria. Creemos que el tiempo es inquebrantable, que mañana será igual que hoy.....hasta que en un segundo todo cambia...

Basta un instante para que la vida nos recuerde lo frágiles que somos. Un movimiento de la tierra, un ruido imposible de olvidar, y aquello que parecía eterno se convierte en polvo. Las casas caen, los recuerdos desaparecen, las familias se separan y el futuro deja de ser una promesa para convertirse en una incertidumbre.

Este fin de semana Venezuela volvió a vivir esa verdad tan dura...

Y, sin embargo, en medio de la tragedia ocurrió algo que también merece ser contado.

Aquellos a quienes muchas veces llamamos indiferentes; los jóvenes que solemos juzgar porque viven entre pantallas, emojis y redes sociales; las personas que parecen caminar con el piloto automático de la rutina... de pronto dejaron todo para ayudar. Este fin de semana aparecieron manos de distintas nacionalidades cargando cajas, no importó el color, la raza o idiología...no importaron los juegos, ni quien clasificaba o no..importaba clasificar alimentos, reunir medicinas para enviar urgentemente la ayudar desde este lugar en donde la solidaridad habló más fuerte que cualquier prejuicio.

Duele pensar que tengan que ocurrir catástrofes para recordarnos quiénes somos realmente. Que haga falta perderlo casi todo para descubrir cuánto podemos darnos los unos a los otros. También resulta inevitable notar que, en ocasiones, la ayuda cruza fronteras con una rapidez que sorprende, mientras otros... Pero este no es el momento de señalar culpables. Es el momento de agradecer.

Agradecer que la compasión todavía existee. Que la humanidad no haya desaparecido entre algoritmos, titulares y prisas. Que, cuando todo parece derrumbarse, siempre aparezcan personas capaces de sostener a otras.

Los terremotos no solo rompen paredes. También rompen la ilusión de que tenemos el mañana asegurado. Y, curiosamente, cuando el suelo deja de ser firme, es cuando las personas descubren que pueden sostenerse unas a otras, porque es bueno saber, que la humanidad no se ha perdido; solo esperaba una razón para volver a mirarse a los ojos...


26/6/26

Jueves de Relatos: Detrás de la reja...

 

Este jueves, antes de dejar mi aporte, les pido una oración para que mi amada Venezuela pueda afrontar tan difícil momento…una oración por las almas que se fueron y por las familias que quedaron…Gracias. Esta historia va por ellos en este jueves de relatos propuesto por Artesanos de la palabra

 

Nadie imaginó que el retumbar de los tambores de San Juan sería el anuncio de un estruendo mucho mayor, uno tan antiguo y devastador, como las trompetas que derribaron las murallas de Jericó….Mientras los cuerpos sudorosos bailaban al son de los cueros, el cielo comenzó a parpadear con destellos rojizos, azulados y verdosos, como si sus heridas se desgarraran en el cielo sobre nosotros y entonces, la tierra rugió y se sacudió como queriendo hacernos entender que no pertenecemos a este lugar...

Yo permanecí sujeta a la reja de mi balcón en el piso veintidós, mirando desde esa extraña prisión que son los años. Hace tiempo hubiera bajado aquellas escaleras sin mirar atrás; hoy, cada peldaño era una montaña imposible y las rejas, que durante décadas me protegieron, se convirtieron en los barrotes desde donde contemplaba el fin de mi mundo.

Una inmensa nube de polvo devoró las calles. Los edificios comenzaron a doblarse como árboles vencidos por un viento invisible. A lo lejos vi uno de los hoteles más emblemáticos inclinarse lentamente hasta desaparecer de mis ojos…Entonces recordé el deslave de hacía más de veintiséis años.., aquel año que la muerte murmuró mi nombre, pero, por cosas que solo la muerte sabe, decidió esquivarme y seguir de largo…

Sonreí…todo este tiempo pensé que me había olvidado. Qué ingenua fui. La muerte nunca olvida; solo espera…

Abajo, la ciudad era un hormiguero sacudido por la furia. Los carros desaparecían bajo montañas de concreto. Vi niños correr en todas direcciones buscando unos brazos donde refugiarse y desde los tejados llegaban gritos que el polvo intentaba silenciar.

Quise bajar…Veintidós pisos, pensé….

Mis piernas ya no podían seguir el ritmo de mi corazón…Apoyé la frente sobre la reja y miré por última vez el mar. Seguía allí, inmenso, indiferente, recordándome que los hombres apenas somos espuma sobre el agua.

El edificio dejó escapar un suspiro largo, antiguo…como si durante años hubiera cargado sobre sus hombros nuestros sueños y al fin hubiera decidido descansar...

De pronto, sentí que el suelo se volvía blando bajo mis pies. No intenté correr…Ya había corrido suficiente en la vida. Entonces comprendí que no era yo quien caía, era mi ciudad la que descendía lentamente hacia el silencio…

No me resistí y me dejé abrazar por ella.

20/6/26

Jueves de relatos...Inspirándonos

Este jueves se trata de realizar un relato basados en el comic The Sandman de Neil Gaiman sobre los siete Eternos, figuras que encarnan la fuerzas del universo...Personalmente, no lo he leído, pero me gusta el tema...a ver que sale y si quieren leer mas, busquen en el blog de Sylvia

Un hombre agonizaba bajo un cielo color ceniza. Ante él, desvaneciendo la realidad, emergió Sueño. No vestía sedas comunes, sino una túnica tejida con filamentos de noches olvidadas

—No quiero irme —suplicó el hombre, cuya alma titilaba como una vela exhausta—. Concédeme otra vida. Un deseo. Quiero ser un rey bendecido por el fuego del poder

Sueño, por razones solo suyas, asintió.

El hombre despertó en un trono de oro. Consiguió el poder que anhelaba, sin embargo, la corona trajo paranoia. Sus consejeros conspiraron; la sospecha lo volvió loco hasta el delirio, sus castillos fueron arrasados por la destrucción de la guerra  y terminó con una daga en el corazón.

Antes de que sus ojos se cerraran, el alma del hombre volvió a pedir:

—¡Me equivoqué! —lloró—. Hazme un artista, alguien que solo busque la belleza absoluta.

Sueño sopló arena fina y el lienzo cambió. Ahora era un pintor brillante. Pero la obsesión por la perfección se volvió un pozo de desesperación. Enloquecido al no alcanzar su ideal, quemó su propio taller en un brote de ira destructiva y pereció entre las llamas.

Siete veces expiró. Siete veces su alma regresó al nexo de los Hechiceros Eternos. Fue un erudito, un mendigo, un guerrero y un amante. Pero en cada nuevo tapiz, el resultado era matemáticamente trágico. Si pedía amor, el delirio de los celos lo consumía; si pedía paz, la destrucción tocaba su puerta.

En la séptima muerte, exhausto, miró a Sueño. A su lado, una figura ciega leía un libro enorme: Destino.

—¿Por qué me maldices? —preguntó el hombre, llorando—. ¿Por qué cada deseo me lleva a la tragedia?

Detrás de Sueño, una mujer de ojos muy hermosos y un ankh al cuello sonrió con ternura. Su magia era la más antigua: la quietud perfecta.

—No hay maldición —susurró Muerte, extendiendo sus manos pálidas—. Cambias el disfraz y el conjuro, pero tu alma siempre busca el mismo abismo. Tu deseo es el hilo, pero nosotros somos el telar.

El hombre miró el firmamento y comprendió. Aceptó la mano de Muerte y, por fin, dejó de desear.