En el pueblo donde el viento siempre olía a jazmín y a lluvia
reciente, Luc y Ela fueron una
sola sombra. Tenían diecisiete años y la convicción de que el universo se
resumía en el espacio que quedaba entre sus manos entrelazadas. Pero la vida, a
veces, tiene una caligrafía caprichosa; una mudanza forzada, una promesa que el
correo no pudo cumplir y el silencio sepulcral que imponen las distancias en
una era que no era digital, los separó…
Pasaron treinta años. Ela construyó un hogar cálido
en su ciudad, con un esposo que la cuida y tres hijos que le han dado el tesoro
de sus nietos…Luc, por su parte, vive en otro continente; es un hombre de
silencios profundos, un buen padre para sus hijos y buen esposo, sin embargo,
cuando la luz de la luna atraviesa las persianas, ambos viajan a un territorio sin mapas y en sus
sueños, el tiempo no es una línea, sino un círculo. Se encuentran siempre en el
mismo lugar apartado de agua cristalina donde no son adultos con responsabilidades,
sino los adolescentes que se juraron eternidad.
Para Ela, recordar a Luc es como encontrar una flor
prensada dentro de un libro o escuchar en la radio de su mente un sonido suave
que persiste los ecos del pasado bajo el ruido cotidiano de una rutinaria vida…y
a miles de kilómetros de distancia, suena "Al fin voy a encontrarte" en la radio de Luc sintiendo
que el hilo de plata que los une se tensa y decide, después de más de 3
décadas, volver a escribirle.
"Ela:
No sé si estas líneas llegarán a tus manos, pero
hoy, al escuchar nuestra canción, entendí que el tiempo es un mentiroso. Dice
que nos cura, que nos hace olvidar, pero lo único que ha hecho en estos años ha
sido perfeccionar tu recuerdo en mi memoria. Tengo una vida buena, Ela. Tengo
hijos que son mi luz y una mujer que merece todo mi respeto. Y sé que tú
también has levantado un castillo sobre los cimientos de tu presente y yo no
vengo a derribar nada, ni a pedirte que volvamos a aquel verano de los
diecisiete, solo quiero decirte que, en todos estos años, sigues siendo mi Norte…
A veces, cuando el ruido del mundo es demasiado
fuerte, cierro los ojos y regreso a nuestra cascada. Allí no somos padres, ni
esposos, ni adultos cansados. Allí somos solo dos promesas que la vida no supo
cumplir, pero que el corazón no se atrevió a romper. Eres la metáfora de todo
lo que pudo ser y, extrañamente, esa idea me da paz.
Te he encontrado en cada canción, en cada tarde de
lluvia y en el silencio de las madrugadas. No te busco en mi realidad cotidiana
porque sé que nuestras vidas ya tienen dueños, pero te encuentro en mis sueños,
donde todavía nos pertenecemos. Gracias por existir, aunque sea en la
distancia. Gracias por ser el refugio secreto al que acudo cuando necesito
recordar quién fui antes de que el mundo me enseñara a ser serio.
Cuida de los tuyos, que yo cuidaré de los míos.
Pero recuerda, al menos una vez por cada eclipse, que en algún lugar de este
planeta hay un hombre que camina con tu nombre tatuado en el aire que respira.
Con el amor de siempre, Luc
PD. No es traición amar lo que fuimos…es la
gratitud de saber que, aunque nuestros caminos se bifurcaron, nuestras almas siguen
habitando el mismo sueño.
Ela terminó de leer la carta entre lágrimas… A
veces, las lágrimas son solo el reconocimiento de que todos guardamos un
"qué hubiera pasado si..." en algún rincón del pecho. Esa melancolía
de Moody Blues tiene la culpa;
es una música que no entra por los oídos, sino que va directo a los recuerdos
que creíamos haber guardado bajo llave.

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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...