Y si
le agregas a esa tarde una breve meditación sobre las horas que arden como la
Juana en la hoguera, y si en esa calma que me espera sofocándome en los mejores
momentos que recuerdo, tratas de abanicar el sueño que me impide disfrutar del
paisaje y me silba muy despacio que ¿hasta cuándo estaré recordando lo que ya
no debo…?
Y
entonces, estiro mis rodillas y comienzo a dejar que el dorado de este sol Inca
derrita mis heridas y los recuerdos de otras tardes de laxitud de un tiempo que
ya se fue sin llevarse mis preguntas ¿Y cuándo nos veremos otra vez? ¿Cuándo
despediremos a las estrellas sentados en la cornisa al borde de una ráfaga
mañanera?
Son
tantas preguntas y aún no recibo respuestas, al menos no claras, aunque si sean
sinceras ¿hasta cuándo estaré sentada en este paisaje de lágrimas, a donde yo
nunca pedí que me trajeran? ¿Hasta cuándo seguiré poniendo un plato de cena
para ocupar tu lugar en la mesa?
Sigue
de largo amigo...aquí lo único que queda con vida es este mar que se retuerce y
desparrama frente a mis hojas muertas…y si echas de menos algo, yo que tú, me
animaba a tocar en otra puerta, la que vivía aquí, bailando descalza y juntando
caracolas en la arena, esa...ya no se donde se encuentra.
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Un gusto volver a leerte, siempre queda resquicios de una misma a pesar de que el tiempo se vaya alejando . Un besote bien grande.
ResponderEliminarHay pesares tan duros y hondos, que un mar entero no podría cobijarles. Muy bien descrita esa sensación sin fin.
ResponderEliminarUn abrazo
Todo lo que perdimos o no encontramos nunca, seguro nos aguarda con sus brillos en algún recodo del camino, de este camino que no debemos dejar de transitar. Un abrazo
ResponderEliminarTal vez algunas preguntas no tienen respuestas, sino que las deja de lado.
ResponderEliminarBesos.
es preciosísimo lo que has escrito.
ResponderEliminarUn beso grande.
Nunca leí tanto amor en versos....
ResponderEliminarHola la Diva, tu texto es un grito dulce, una plegaria lanzada al horizonte, una queja que se despliega como una ola lenta y profunda, y te lo digo con todo mi corazón, me encanta leerte la Diva, me encanta esa manera que tienes de hacer hablar al dolor sin traicionarlo jamás, de vestirlo de luz, de hacerlo bailar incluso cuando pesa más que el mar, abres con esa pregunta que parte el silencio, cuando el dolor se vuelva más inmenso que el mar… a dónde irá? Y todo tu poema es una deriva en esa inmensidad, un intento de encontrarle una orilla, un refugio, un nombre, evocas una tarde suspendida, atravesada por horas que arden como Juana en la hoguera una imagen impactante, incandescente, que dice la violencia del recuerdo y la lentitud del fuego interior, hablas de esa calma que no consuela, sino que aprieta la garganta, de ese sueño que no llega, de ese paisaje que ya no puedes mirar sin ver la ausencia y en un suspiro, haces esta pregunta, cuánto tiempo voy a recordar lo que ya no debería? y yo, al leerte, siento que ese recuerdo es un hilo de oro y de cenizas que te niegas a cortar, luego te abandonas a la luz, dejas que el sol inca fluya sobre tus rodillas, sobre tus heridas, como una mano cálida venida de otro tiempo, recuerdas otras tardes, una partida sin respuesta, un silencio dejado como herencia, cuando nos volveremos a ver? cuando nos despediremos de las estrellas, sentados en el borde de la ráfaga de la mañana? tus palabras son estrellas fugaces, destellos de noche que aún buscan su cielo, sigues poniendo un plato en la mesa, guardando su lugar, viviendo en ese paisaje de lágrimas al que nunca pediste llegar y sin embargo, ahí te quedas, erguida, digna, habitada por el amor, eres esa mujer que persiste, aunque aquella que bailaba descalza y recogía conchas parezca haberse desvanecido en la resaca, y el mar, ese mar que se retuerce y se derrama frente a tus hojas muertas, se convierte en el único ser aún vivo, es tu espejo, tu refugio, tu testigo y si alguien llama a la puerta, tal vez ya no encuentre a la que reía, que cantaba, que corría por la arena, o tal vez sí, tal vez aún esté allí, acurrucada en un rincón de tu corazón, esperando que el viento la llame de nuevo a sí misma, gracias, la Diva por esta ofrenda de palabras que tocan, que conmueven, que habitan, que tu noche sea suave como un recuerdo que vuelve sin hacer daño, y que el silencio te traiga la paz que el mar, ella, ya no sabe contener, BSSSS, Régis. 🪶
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