Ese rincón abandonado del ático no guardaba objetos,
guardaba ecos que Elena había intentado ignorar desde hace años, como ese quejido
constante, sordo y seco que no parecía provenir de una garganta, sino del vacío.
Una noche de tormenta, el quejido se volvió
insoportable y Elena, armada con una vela y temblando de miedo,
subió las escaleras hasta el cuarto abandonado. En medio de las sombras proyectadas, vio cómo el vestido
de novia de su abuela flotaba con una calidez dorada, exudando la nostalgia del
primer baile mientras el reloj latía con el pulso nervioso junto al soldado que
soñaba en volver a casa. Todos allí parecían recordar y proyectar las emociones de
quienes los habían poseído, pero en el fondo, apartada de todos, estaba ella…
Era una muñeca de porcelana de facciones perfectas
y ojos de cristal gris. A diferencia de los otros objetos, ella no emitía
ninguna luz, ningún calor, estaba rodeada de un aura de estática fría.
—¿Por qué te quejas? —susurró Elena.
La muñeca no se movió, pero su voz resonó en el
aire como el crujir de la escarcha:
—Me llaman fría. Me llaman vacía. Los demás aquí
rebosan de las penas y alegrías de tus ancestros, pero yo... yo solo tengo el
silencio.
Ella le contó a Elena que aún podía sentir sus
manos de niña y el peso de sus lágrimas sobre su gastado vestido pero nada podía atravesar el muro invisible que había en su pecho de trapo y porcelana.
No era que no tuviera emociones, sino que no
lograba conectar con ellas, por eso, había levantado una barrera de frialdad,
rechazando cualquier intento de cercanía para no mostrar su incapacidad de
sentir....
Elena entendió entonces que su quejido era el
pedido de auxilio de alguien que habita un desierto emocional. Tomó a la muñeca,
le limpió del polvo y la bajó a su estantería. No esperaba que la muñeca
sonriera ni le agradeciera; simplemente aceptó que su silencio no era falta de memoria
ni de alma, sino una forma distinta, y mucho más solitaria de existir bajo el
peso de la alexitimia…
......
Esta semana el tema va de los sentimientos de los objetos, pero ¿y si los objetos si tienen memoria? Si quieren leer más sobre lo que recuerdan las cosas, ir al blog de LUGAR DE ENCUENTRO
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Muito linda e bem profunda tua inspiração, Aquela boneca ,agora despoeirada, continuaria em silêncio, mas carregava sentimentos intensos ... Ficou Muito boa tua participação! beijos, chica
ResponderEliminarMuy bonito Diva, yo creo que esa muñeca añoraba las caricias de una mano inocente de una niña.
ResponderEliminarTodo lo que nos rodea de alguna forma tan bien sienten
Un besazo 😘🌹
A veces no se aprende a sentir, y otras se olvida sentir según las experiencias... un relato estupendo. Bss ;)
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