28/6/26

La humanidad no se ha perdido

 


Solo queria decir...Gracias.

A veces la vida transcurre entre horas vacías. No porque no hagamos nada, sino porque los días terminan pareciéndose unos a otros: despertamos, trabajamos, respondemos mensajes, cumplimos obligaciones y repetimos una rutina que ya conocemos de memoria. Creemos que el tiempo es inquebrantable, que mañana será igual que hoy.....hasta que en un segundo todo cambia...

Basta un instante para que la vida nos recuerde lo frágiles que somos. Un movimiento de la tierra, un ruido imposible de olvidar, y aquello que parecía eterno se convierte en polvo. Las casas caen, los recuerdos desaparecen, las familias se separan y el futuro deja de ser una promesa para convertirse en una incertidumbre.

Este fin de semana Venezuela volvió a vivir esa verdad tan dura...

Y, sin embargo, en medio de la tragedia ocurrió algo que también merece ser contado.

Aquellos a quienes muchas veces llamamos indiferentes; los jóvenes que solemos juzgar porque viven entre pantallas, emojis y redes sociales; las personas que parecen caminar con el piloto automático de la rutina... de pronto dejaron todo para ayudar. Este fin de semana aparecieron manos de distintas nacionalidades cargando cajas, no importó el color, la raza o idiología...no importaron los juegos, ni quien clasificaba o no..importaba clasificar alimentos, reunir medicinas para enviar urgentemente la ayudar desde este lugar en donde la solidaridad habló más fuerte que cualquier prejuicio.

Duele pensar que tengan que ocurrir catástrofes para recordarnos quiénes somos realmente. Que haga falta perderlo casi todo para descubrir cuánto podemos darnos los unos a los otros. También resulta inevitable notar que, en ocasiones, la ayuda cruza fronteras con una rapidez que sorprende, mientras otros... Pero este no es el momento de señalar culpables. Es el momento de agradecer.

Agradecer que la compasión todavía existee. Que la humanidad no haya desaparecido entre algoritmos, titulares y prisas. Que, cuando todo parece derrumbarse, siempre aparezcan personas capaces de sostener a otras.

Los terremotos no solo rompen paredes. También rompen la ilusión de que tenemos el mañana asegurado. Y, curiosamente, cuando el suelo deja de ser firme, es cuando las personas descubren que pueden sostenerse unas a otras, porque es bueno saber, que la humanidad no se ha perdido; solo esperaba una razón para volver a mirarse a los ojos...


26/6/26

Jueves de Relatos: Detrás de la reja...

 

Este jueves, antes de dejar mi aporte, les pido una oración para que mi amada Venezuela pueda afrontar tan difícil momento…una oración por las almas que se fueron y por las familias que quedaron…Gracias. Esta historia va por ellos en este jueves de relatos propuesto por Artesanos de la palabra

 

Nadie imaginó que el retumbar de los tambores de San Juan sería el anuncio de un estruendo mucho mayor, uno tan antiguo y devastador, como las trompetas que derribaron las murallas de Jericó….Mientras los cuerpos sudorosos bailaban al son de los cueros, el cielo comenzó a parpadear con destellos rojizos, azulados y verdosos, como si sus heridas se desgarraran en el cielo sobre nosotros y entonces, la tierra rugió y se sacudió como queriendo hacernos entender que no pertenecemos a este lugar...

Yo permanecí sujeta a la reja de mi balcón en el piso veintidós, mirando desde esa extraña prisión que son los años. Hace tiempo hubiera bajado aquellas escaleras sin mirar atrás; hoy, cada peldaño era una montaña imposible y las rejas, que durante décadas me protegieron, se convirtieron en los barrotes desde donde contemplaba el fin de mi mundo.

Una inmensa nube de polvo devoró las calles. Los edificios comenzaron a doblarse como árboles vencidos por un viento invisible. A lo lejos vi uno de los hoteles más emblemáticos inclinarse lentamente hasta desaparecer de mis ojos…Entonces recordé el deslave de hacía más de veintiséis años.., aquel año que la muerte murmuró mi nombre, pero, por cosas que solo la muerte sabe, decidió esquivarme y seguir de largo…

Sonreí…todo este tiempo pensé que me había olvidado. Qué ingenua fui. La muerte nunca olvida; solo espera…

Abajo, la ciudad era un hormiguero sacudido por la furia. Los carros desaparecían bajo montañas de concreto. Vi niños correr en todas direcciones buscando unos brazos donde refugiarse y desde los tejados llegaban gritos que el polvo intentaba silenciar.

Quise bajar…Veintidós pisos, pensé….

Mis piernas ya no podían seguir el ritmo de mi corazón…Apoyé la frente sobre la reja y miré por última vez el mar. Seguía allí, inmenso, indiferente, recordándome que los hombres apenas somos espuma sobre el agua.

El edificio dejó escapar un suspiro largo, antiguo…como si durante años hubiera cargado sobre sus hombros nuestros sueños y al fin hubiera decidido descansar...

De pronto, sentí que el suelo se volvía blando bajo mis pies. No intenté correr…Ya había corrido suficiente en la vida. Entonces comprendí que no era yo quien caía, era mi ciudad la que descendía lentamente hacia el silencio…

No me resistí y me dejé abrazar por ella.

20/6/26

Jueves de relatos...Inspirándonos

Este jueves se trata de realizar un relato basados en el comic The Sandman de Neil Gaiman sobre los siete Eternos, figuras que encarnan la fuerzas del universo...Personalmente, no lo he leído, pero me gusta el tema...a ver que sale y si quieren leer mas, busquen en el blog de Sylvia

Un hombre agonizaba bajo un cielo color ceniza. Ante él, desvaneciendo la realidad, emergió Sueño. No vestía sedas comunes, sino una túnica tejida con filamentos de noches olvidadas

—No quiero irme —suplicó el hombre, cuya alma titilaba como una vela exhausta—. Concédeme otra vida. Un deseo. Quiero ser un rey bendecido por el fuego del poder

Sueño, por razones solo suyas, asintió.

El hombre despertó en un trono de oro. Consiguió el poder que anhelaba, sin embargo, la corona trajo paranoia. Sus consejeros conspiraron; la sospecha lo volvió loco hasta el delirio, sus castillos fueron arrasados por la destrucción de la guerra  y terminó con una daga en el corazón.

Antes de que sus ojos se cerraran, el alma del hombre volvió a pedir:

—¡Me equivoqué! —lloró—. Hazme un artista, alguien que solo busque la belleza absoluta.

Sueño sopló arena fina y el lienzo cambió. Ahora era un pintor brillante. Pero la obsesión por la perfección se volvió un pozo de desesperación. Enloquecido al no alcanzar su ideal, quemó su propio taller en un brote de ira destructiva y pereció entre las llamas.

Siete veces expiró. Siete veces su alma regresó al nexo de los Hechiceros Eternos. Fue un erudito, un mendigo, un guerrero y un amante. Pero en cada nuevo tapiz, el resultado era matemáticamente trágico. Si pedía amor, el delirio de los celos lo consumía; si pedía paz, la destrucción tocaba su puerta.

En la séptima muerte, exhausto, miró a Sueño. A su lado, una figura ciega leía un libro enorme: Destino.

—¿Por qué me maldices? —preguntó el hombre, llorando—. ¿Por qué cada deseo me lleva a la tragedia?

Detrás de Sueño, una mujer de ojos muy hermosos y un ankh al cuello sonrió con ternura. Su magia era la más antigua: la quietud perfecta.

—No hay maldición —susurró Muerte, extendiendo sus manos pálidas—. Cambias el disfraz y el conjuro, pero tu alma siempre busca el mismo abismo. Tu deseo es el hilo, pero nosotros somos el telar.

El hombre miró el firmamento y comprendió. Aceptó la mano de Muerte y, por fin, dejó de desear.