29/7/26

Jueves de relatos: No es poco...

 


A veces caminaba como una sombra que viene y va, atravesando una ciudad teñida de sepia donde cada plaza parecía recordar un nombre que el viento se negaba a pronunciar. Los parques respiraban un silencio antiguo; las hojas descendían con la lentitud de los sueños y las fuentes repetían secretos que nadie escuchaba.

Cada paso que daba era una marea inconstante. No sabía hacia dónde iba, sólo obedecía esa fuerza invisible que le empujaba desde algún lugar del universo, como si el destino hubiese escrito primero la nostalgia y dejara para después el encuentro…

Alguna vez la vida tuvo sentido, después todo se convirtió en rocío sin luna, una humedad fría que habitaba las madrugadas del alma, viviendo al margen de las horas, mirando el poniente, convencida de que el sol también se cansaba de regresar. En ocasiones sentía un suspiro inquietante rozarle la espalda. Entonces giraba, esperando descubrir una presencia, pero sólo encontraba añiles figuras desdibujadas por la distancia, fantasmas nacidos de la memoria o quizás, viajeros de otro sueño…

Llevaba consigo una impronta negada, una herida tan antigua que ya no dolía; simplemente existía. Era un peso silencioso que la acusaba cada vez que intentaba sonreír. Sin embargo, seguía adelante con un incierto coraje, explorando rincones inexplorados de la ciudad como quien busca una puerta secreta hacia otra vida.

Una tarde entró en una pequeña cafetería. El aroma del café recién molido parecía el único calor verdadero que quedaba en el mundo. Se sentó junto a la ventana. Sus manos temblaban sin comprender por qué, mientras contemplaba la lluvia dibujar constelaciones sobre el cristal.

Cuando se levantó para marcharse, no advirtió que, apenas a unas mesas de distancia, un hombre levantó la vista en el mismo instante. Ella salió sin mirar atrás…Quizá el universo necesitaba que ambos continuaran caminando un poco más, porque existen encuentros que no obedecen al reloj, sino a las estrellas.

Ella siguió recorriendo calles, jardines y bancos vacíos, creyendo que el mundo apenas le ofrecía un mínimo refugio, pero el cielo parecía responderle que no es poco cuando aún queda un rayo de luz capaz de encontrar el corazón correcto…

Hay personas que no llegan tarde a nuestra vida; llegan exactamente cuándo dejamos de buscarlas con los ojos y empezamos a reconocerlas con el alma.

El reto de este jueves era crear un relato utilizando una o varias expresiones de este popurri dejado por Neogéminis. Para leerlos pisar en la imagen abajo    



15/7/26

Relato de los jueves: Personajes en el andén...

 


El tren debía llegar puntualmente, como siempre, a las diez de la noche. Faltaba media hora y el andén estaba lleno de pasajeros que buscaban un lugar en las bancas de espera.

Me gustaba sentarme en ese lugar a esta hora. La niebla, atrapada entre las farolas, parecía envolverlo todo y me ayudaba a pensar…sobre todo en la última vez que nos vimos

¿Tendría algún sentido volver?...somos tan diferentes….¿Sería esto una buena idea?

De pronto, un hombre pulcramente vestido se acercó a una anciana y, con un gesto delicado, acomodó su maleta junto a ella. Después, recogió el juguete que se le había caído a un niño y le indicó a una pareja cuál era su andén. Finalmente, se sentó frente a mí.

Unos metros más allá, otro hombre permanecía sentado. Miraba nerviosamente su reloj, anotaba algo en una libreta y volvía a observar los rieles. Se levantó. Caminó hasta el borde del andén. Regresó a su asiento. Consultó otra vez el reloj.

El sudor corría por su frente y su rostro pálido mostraba aún más su nerviosismo..

Algunas personas comenzaron a observarlo con recelo. Yo estaba a punto de ir en busca de un guardia para ponerlo al tanto cuando, a lo lejos, sonó el silbato del tren.

El extraño hombre se levantó de un salto y se lanzó a las vías.

—¡Un suicida! —gritaron varias voces.

Pero no.

Colocó una luz roja entre los rieles y comenzó a hacer señales desesperadas. El tren frenó a pocos metros de él, justo antes de llegar a un desprendimiento que había deformado la vía…  Mientras algunos pasajeros observaban lo ocurrido, comenzaron a escucharse otras voces:

—¡Mi billetera!

—¡Mi bolso!

—¡Mi maleta!

Algunas cosas habían desaparecido al igual que el hombre pulcramente vestido.

Entonces, entre la niebla y el sonido del tren anunciando su próxima salida, escuché detrás de mí, una voz conocida:

—Brujita, no todo es como se ve, ni pierde el que se va… sino el que olvida.

Me quedé inmóvil.

—Y yo no te olvidé.

El tren partió y en la última ventana, durante apenas un segundo, creí distinguir un rostro conocido

No siempre los personajes son fáciles de predecir como son, a pesar de que muestren algunas características ..¿Cómo son tus personajes?  esto puedes leer en el blog de ARTESANOS DE LA PALABRA