Este jueves se trata de realizar un relato basados en el comic The Sandman de Neil Gaiman sobre los siete Eternos, figuras que encarnan la fuerzas del universo...Personalmente, no lo he leído, pero me gusta el tema...a ver que sale y si quieren leer mas, busquen en el blog de Sylvia
—No
quiero irme —suplicó el hombre, cuya alma titilaba como una vela exhausta—.
Concédeme otra vida. Un deseo. Quiero ser un rey bendecido por el fuego del
poder
Sueño,
por razones solo suyas, asintió.
El
hombre despertó en un trono de oro. Consiguió el poder que anhelaba, sin
embargo, la corona trajo paranoia. Sus consejeros conspiraron; la sospecha lo
volvió loco hasta el delirio, sus castillos fueron arrasados por la destrucción
de la guerra y terminó con una daga en
el corazón.
Antes
de que sus ojos se cerraran, el alma del hombre volvió a pedir:
—¡Me
equivoqué! —lloró—. Hazme un artista, alguien que solo busque la belleza
absoluta.
Sueño
sopló arena fina y el lienzo cambió. Ahora era un pintor brillante. Pero la
obsesión por la perfección se volvió un pozo de desesperación. Enloquecido al
no alcanzar su ideal, quemó su propio taller en un brote de ira destructiva y
pereció entre las llamas.
Siete
veces expiró. Siete veces su alma regresó al nexo de los Hechiceros Eternos. Fue
un erudito, un mendigo, un guerrero y un amante. Pero en cada nuevo tapiz, el
resultado era matemáticamente trágico. Si pedía amor, el delirio de los celos
lo consumía; si pedía paz, la destrucción tocaba su puerta.
En
la séptima muerte, exhausto, miró a Sueño. A su lado, una figura ciega leía un
libro enorme: Destino.
—¿Por
qué me maldices? —preguntó el hombre, llorando—. ¿Por qué cada deseo me lleva a
la tragedia?
Detrás
de Sueño, una mujer de ojos muy hermosos y un ankh al cuello sonrió con ternura. Su
magia era la más antigua: la quietud perfecta.
—No
hay maldición —susurró Muerte, extendiendo sus manos pálidas—. Cambias el
disfraz y el conjuro, pero tu alma siempre busca el mismo abismo. Tu deseo es
el hilo, pero nosotros somos el telar.
El
hombre miró el firmamento y comprendió. Aceptó la mano de Muerte y, por fin,
dejó de desear.

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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...