A
veces caminaba como una sombra que viene y va, atravesando una ciudad teñida de
sepia donde cada plaza parecía recordar un nombre que el viento se negaba a
pronunciar. Los parques respiraban un silencio antiguo; las hojas descendían
con la lentitud de los sueños y las fuentes repetían secretos que nadie
escuchaba.
Cada
paso que daba era una marea inconstante. No sabía hacia dónde iba, sólo
obedecía esa fuerza invisible que le empujaba desde algún lugar del universo, como
si el destino hubiese escrito primero la nostalgia y dejara para después el
encuentro…
Alguna
vez la vida tuvo sentido, después todo se convirtió en rocío sin luna, una
humedad fría que habitaba las madrugadas del alma, viviendo al margen de las
horas, mirando el poniente, convencida de que el sol también se cansaba de
regresar. En ocasiones sentía un suspiro inquietante rozarle la espalda.
Entonces giraba, esperando descubrir una presencia, pero sólo encontraba añiles
figuras desdibujadas por la distancia, fantasmas nacidos de la memoria o quizás,
viajeros de otro sueño…
Llevaba
consigo una impronta negada, una herida tan antigua que ya no dolía;
simplemente existía. Era un peso silencioso que la acusaba cada vez que
intentaba sonreír. Sin embargo, seguía adelante con un incierto coraje,
explorando rincones inexplorados de la ciudad como quien busca una puerta
secreta hacia otra vida.
Una
tarde entró en una pequeña cafetería. El aroma del café recién molido parecía
el único calor verdadero que quedaba en el mundo. Se sentó junto a la ventana. Sus
manos temblaban sin comprender por qué, mientras contemplaba la lluvia dibujar
constelaciones sobre el cristal.
Cuando
se levantó para marcharse, no advirtió que, apenas a unas mesas de distancia,
un hombre levantó la vista en el mismo instante. Ella salió sin mirar atrás…Quizá
el universo necesitaba que ambos continuaran caminando un poco más, porque
existen encuentros que no obedecen al reloj, sino a las estrellas.
Ella
siguió recorriendo calles, jardines y bancos vacíos, creyendo que el mundo
apenas le ofrecía un mínimo refugio, pero el cielo parecía responderle que no
es poco cuando aún queda un rayo de luz capaz de encontrar el corazón correcto…
Hay
personas que no llegan tarde a nuestra vida; llegan exactamente cuándo dejamos
de buscarlas con los ojos y empezamos a reconocerlas con el alma.
El reto de este jueves era crear un relato utilizando una o varias expresiones de este popurri dejado por Neogéminis. Para leerlos pisar en la imagen abajo


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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...