El tren
debía llegar puntualmente, como siempre, a las diez de la noche. Faltaba media
hora y el andén estaba lleno de pasajeros que buscaban un lugar en las bancas
de espera.
Me gustaba sentarme
en ese lugar a esta hora. La niebla, atrapada entre las farolas, parecía
envolverlo todo y me ayudaba a pensar…sobre todo en la última vez que nos vimos
¿Tendría
algún sentido volver?...somos tan diferentes….¿Sería esto una buena idea?
De pronto,
un hombre pulcramente vestido se acercó a una anciana y, con un gesto delicado,
acomodó su maleta junto a ella. Después, recogió el juguete que se le había
caído a un niño y le indicó a una pareja cuál era su andén. Finalmente, se
sentó frente a mí.
Unos metros
más allá, otro hombre permanecía sentado. Miraba nerviosamente su reloj,
anotaba algo en una libreta y volvía a observar los rieles. Se levantó. Caminó
hasta el borde del andén. Regresó a su asiento. Consultó otra vez el reloj.
El sudor
corría por su frente y su rostro pálido mostraba aún más su nerviosismo..
Algunas
personas comenzaron a observarlo con recelo. Yo estaba a punto de ir en busca
de un guardia para ponerlo al tanto cuando, a lo lejos, sonó el silbato del
tren.
El extraño
hombre se levantó de un salto y se lanzó a las vías.
—¡Un
suicida! —gritaron varias voces.
Pero no.
Colocó una luz roja entre los rieles y comenzó a hacer señales desesperadas. El tren frenó a pocos metros de él, justo antes de llegar a un desprendimiento que había deformado la vía… Mientras algunos pasajeros observaban lo ocurrido, comenzaron a escucharse otras voces:
—¡Mi
billetera!
—¡Mi bolso!
—¡Mi maleta!
Algunas cosas
habían desaparecido al igual que el hombre pulcramente vestido.
Entonces,
entre la niebla y el sonido del tren anunciando su próxima salida, escuché detrás
de mí, una voz conocida:
—Brujita, no
todo es como se ve, ni pierde el que se va… sino el que olvida.
Me quedé
inmóvil.
—Y yo no te olvidé.
El tren partió y en la última
ventana, durante apenas un segundo, creí distinguir un rostro conocido
No siempre los personajes son fáciles de predecir como son, a pesar de que muestren algunas características ..¿Cómo son tus personajes? esto puedes leer en el blog de ARTESANOS DE LA PALABRA

Que bueno texto nos dejas
ResponderEliminarInteresante toda la trama y que verdad es que las apariencias engañan.
Como ocurrió en esta parada de tren.
Dos hombres distintos y un final que nadie se espera.
Un besazo muy feliz semana 😘
UAU!
ResponderEliminarLinda participação!
Instigante conto e final misterioso!
Adorei! abraços, chica
Se me heló la sangre, tan bien narrado que pensé en un suicida, pero me desconcertó que un suicida tuviera tan buenas acciones y el final me sorprendió totalmente.
ResponderEliminarExcelente relato Diva, me gustó mucho.
Muchas gracias por participar de nuestra propuesta, un abrazo.
PATRICIA F.
El hombre amable resultó ser un ladrón y el aparente suicida, quien salvó a los ocupantes del tren.
ResponderEliminarY de pasó alguien conocido, quien subió al tren.
Besos, Diva
Diva, este relato tuyo convierte el andén en un escenario donde cada gesto revela una verdad distinta. La niebla, los dos hombres y ese final que desarma muestran que nada es exactamente lo que parece y que los personajes siempre guardan un secreto que solo se descubre cuando el tren está a punto de partir. Gracias por esta historia tan bien construida, que mantiene la tensión y deja una huella en quien la lee.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Em português temos um dizer : Quem vê caras não vê corações!
ResponderEliminarE, relamente, quantas vezes somos surpreendidos?
Gostei do enredo.
Cumprimentos!
Intriga hasta el final... Ese rostro conocido tiene mucha fuerza. No siempre todo es lo que parece.
ResponderEliminarEs genial.
Besitos