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21/11/08

Y decían que ya se habían acabado los superhéroes, que en estos días las personas ya no miran mas allá de sus narices y que lo que sucede a su alrededor se puede escribir en simples páginas amarillas o quemadas. Yo hubiera querido pasar de largo y no mirar atrás como lo hizo Sara antes de convertirse en estatua de sal, quise dar un brinco a las gradas y mirar el otro lado de la cerca, porque quedarme era aceptar lo que sucedería.
Pero por mas que por dentro gritaba que deseaba seguir siendo libre como el viento no podía acallar tus llamadas, por mas que subiera el volumen de la radio no podía olvidar la letra de Calamaro que sonaba en mi cabeza..: “No puedo cambiar, soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad…” y me tapaba la boca para no responderte, cerraba los ojos para no verte, pero no pude mas y me giré.
Giré y ahí estabas tú… indefenso, en ese cuarto reclusorio de sábanas blancas, con la luz tenue que encendía y apagaba al vaivén de la lámpara vieja que pendía del techo, batallando para escapar de las redes de esa bruja llamada Sor Ivonne que te mantenía sedado para que no volvieras a escaparte.
No se como sucedió pero de pronto me encontré vestida de malla y con capa, como las tiras cómicas que se vendían en el kiosco de la esquina, convertida en una heroína que no intentaba competir con el pentotal ni calmar ningún dolor a base de fármacos; no era el polvo blanco que muchos buscan para evadirse de este mundo o para darse un viaje sin peaje, era una heroína como la Superchica que usaba traje azul y capa roja, pero la mía no era tan cursi ni tan pegada, era mas fucsia y con tonos abrillantados.
Me sumergí en tu mundo derribando puertas y ventanas, como ese temporal que muchas veces me advertiste ocurriría pero que esta vez llegó para encontrar la calma que se advierte al final de la tormenta. No hubo inyecciones, ni enfermeras que pudieran conmigo mientras derribaba los obstáculos, llegué hasta ti y sujetándote por la cintura huimos a un lugar apartado donde te drené todo el suero que tenías inyectado. Poco a poco fui abriendo tu mente hasta sacarte de ese mundo de sombras y traerte a este real, el que no era tan elaborado ni quizás tan bello como el de las dos lunas pero si mas calmado.
Cuantas horas hablamos mientras la noche continuaba su marcha, hablamos como lo hacen las personas cuando se sienten que han llegado al límite de sus fuerzas y que deben derribar las barreras. Te mostré que aunque las estrellas se encontraban muy lejos podíamos seguir disfrutando de su luz, te mencioné que aún sin dormir, los sueños se pueden llegar a vivir.
Cuantas cosas nos fuimos diciendo esa noche sin darnos cuenta que habíamos empezado a beber el brebaje del amor y el desamor; que delirante nos sentimos al girar cara a cara mientras hallábamos nuestro destino dibujado, sin retorno, sin vuelta al presente …aprendimos esa noche que se puede sentir atrapado aunque la cárcel sea de cristal y una vez dentro no hay marcha atrás pero si queríamos volar también aprenderíamos a aterrizar
Y esa noche yo también descubrí que aún existen superhéroes que pueden aparecer por las nubes detrás de la ventana para acariciar mi piel, que mis ojos van a seguir llamándote al atardecer y mis pestañas ya no clamaran de tristezas porque la vida ya no es una luna solitaria.
Esta batalla te la gané yo, Sor Ivonne
Todos tenemos un pasado oscuro y un heroe que nos rescata hacia el futuro

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Para los que solo fui sombra..para aquellos que deje huella...escribiré siempre que pueda todo lo que mis divagaciones me hagan sentir...