La primera
vez que Clara escuchó hablar a una taza fue un martes lluvioso, mientras
preparaba café para consolar el llanto de su vecina.
—Su marido piensa romperle
la nariz esta noche —susurró la taza azul con flores amarillas
Clara dejó caer la cuchara dentro del azúcar…Miró alrededor de su
cocina diminuta y solo escuchó el sonido de la lluvia contra las ventanas.
—¿Quién dijo eso?
—Yo, querida. Y si vas a mirarme así, al menos lávame.
Clara pensó la
comida le había caído mal y se fue a dormir
Al día
siguiente, la mujer apareció con el rostro lastimado y Clara comprendió que las
tazas decían la verdad y la cocina empezó a hablarle más seguido. No todos los
utensilios hablaban igual. Las cucharas eran chismosas, el microondas paranoico
y el horno exageradamente dramático. Pero las tazas tenían un don especial:
podían leer los pensamientos más profundos de quienes bebían café en ellas.
Así, Clara
comenzó a conocer secretos terribles escondidos detrás de sonrisas normales:
mujeres maltratadas, amenazas, miedo y deseos desesperados de escapar.
Esa noche
Clara no pudo dormir…tampoco los cuchillos.
—Podríamos cortarle los frenos del auto —propuso el cuchillo
jamonero, siempre entusiasta.
—Eso no tiene sentido. Yo corto carne, no cables, imbécil —gruñó
el cuchillo de chef.
—El triturador de basura podría encargarse del cuerpo —intervino
el fregadero con orgullo.
—Nadie está hablando de cuerpos —dijo Clara.
Pero la verdad era que si…Con el tiempo, la cocina
empezó a hacer algo más que escuchar. Cada utensilio aportaba ideas para
“resolver problemas”. Los cuchillos planeaban accidentes, la tetera sabía
infiltrarse en otras casas y el triturador de basura tenía opiniones
inquietantes sobre cómo desaparecer evidencia. Poco a poco, varios hombres violentos
comenzaron a morir en circunstancias absurdamente domésticas: caídas, fugas de
gas, accidentes eléctricos. Todo parecía casual.
El único problema era el cuchillo francés que siempre hablaba como si fuera un asesino
profesional pero cuando veía sangre se desmayaba o cuando parecían un escuadrón
demente, como la vez del cuerpo
parcialmente licuado porque la licuadora entendió mal las instrucciones…o el
congelador que se encariñaba con los cuerpos…
Lo peor era
que Clara empezó a disfrutarlo…No las muertes, sino las conversaciones de su
sindicato criminal delirante.
Todo iba funcionando perfectamente… hasta que una
noche una vieja taza color crema leyó los pensamientos de una nueva visitante y
por primera vez, la taza tuvo miedo.
—Ella no viene a pedir ayuda —susurró—. Ella viene
por Clara.
SI CREEN QUE MI COCINA SE FUMO ALGO, PASEN A LAS OTRAS COCINAS QUE SE CONVOCARON EN EL BLOG DE TRACY

Me parece muy buena tu aportación.
ResponderEliminarLas tazas saben mucho a fuerza de leer los posos del café, podían usarlas para investigar esta lacra de malos tratos y muertes que llevamos a cuestas
Un abrazo
Así que yo necesito una camisa de fuerza y tú jaaaaa
ResponderEliminarDios mío tu cocina es toda una organización criminal.
Estupendo relato donde la imaginación se desbordó .
Espero que Clara, no corras peligro.
Un besote grande 😘,
Bah, que medo da tua cozinha,rs... A criatividade e inspiração enormes. Ficou muito legal!Gostei muito!
ResponderEliminarabraços, tudo de bom,chica