Había terminado el colegio y la universidad aparecía frente a mí como una puerta enorme que daba miedo y ganas de cruzar al mismo tiempo. Comenzaba un nuevo curso: matemáticas, cuadernos recién forrados, noches de estudio y la certeza de que mi vida estaba a punto de cambiar.
Pero había algo más importante que las fórmulas.
La música.
Los casetes iban y venían de mano en mano. Cada banda tenía su momento, su canción, su historia. Y yo podía pasar horas estudiando mientras, en alguna esquina de mi habitación, una voz convertía las noches en otra cosa.
Aunque había uno...
¡Ay, ese hombre!...
Cada vez que aparecía en la pantalla, yo me quedaba mirándolo con la boca abierta, completamente enamorada. Mis amigos se reían.
—Pero si a él no le gustan las mujeres...
—¡Bah! —respondía yo—. Celos de chicos tontos.
Todavía no entendíamos muchas cosas. Eran otros tiempos, cuando ciertas verdades se escondían detrás de silencios y miradas. Yo solo sabía que cuando él cantaba, algo dentro de mí se encendía...
Y entonces llegaba la noche.
Los números, las ecuaciones y los apuntes se mezclaban con las luces de colores, la bola de espejos y ese ritmo que hacía imposible permanecer sentada. Mis pies parecían tener vida propia. Bailaba como si el amanecer fuera una promesa y no existiera ningún mañana.
1985...
Aquellos años fueron mucho más que el comienzo de una carrera. Fueron mi iniciación a la música, al baile, a la libertad, a esa maravillosa vida en tecnicolor que solo parece existir cuando somos jóvenes.
Hoy, desde lejos, aquellos recuerdos tienen otro brillo.
Y mientras suena I Was Born to Love You, cierro los ojos.
Vuelvo a ver a aquella chica bailando hasta el amanecer y pienso que quizá, aquella época fue la preparación a un curso mayor...el más hermoso de todos, porque entonces todavía no sabía que, muchos años después, comenzaría el curso para el que nadie está preparado.
Pero esa...
esa es otra historia.
Si quieres leer buenos relatos sobre otros cursos clickea en el link TRACY














.jpg)
.jpg)